Antes del primer bocado, inhala y exhala dos veces con lentitud. Ese intervalo cambia el modo mental de urgencia a presencia, y abre espacio para decidir mejor la primera elección del plato. Muchos lectores reportan menos ansiedad y un ritmo agradable con solo practicarlo.
Deja el tenedor sobre el plato entre bocados y espera a tragar. Parece trivial, pero ralentiza de forma efectiva, potencia el disfrute y permite detectar cuándo la satisfacción llega a siete u ocho de diez, evitando seguir comiendo por pura inercia social o distracción.
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